Aprender a gestionar las emociones a través de los caballos
En nuestra estancia en La Granja Ability Training Center junto al equipo de Play and Train, vivimos diferentes actividades diseñadas para trabajar la gestión emocional, la autonomía y las habilidades sociales a través de experiencias prácticas y vivenciales.
Una de las actividades más significativas estuvo relacionada con la interacción con caballos de carga. A simple vista, el reto parecía sencillo: pasear a los caballos por el recinto. Sin embargo, la experiencia escondía mucho más que una simple actividad con animales.
Desde el primer momento, muchos niños y niñas se encontraron con una dificultad inesperada: los caballos no se movían. Por más fuerza que hacían, tiraban de las cuerdas o intentaban avanzar, los animales permanecían quietos. Fue entonces cuando empezaron a aparecer emociones muy intensas: frustración, rabia, nervios, enfado e incluso bloqueo.
En ese momento, la intervención de la monitora Esther fue clave. Lejos de resolver el problema por ellos o indicar inmediatamente qué debían hacer, permitió que cada participante tuviera su propio espacio para sentir, identificar y comprender las emociones que estaban apareciendo. Aunque monitores y familias sentían el impulso natural de ayudar, el verdadero aprendizaje estaba precisamente en que fueran los propios niños quienes descubrieran cómo gestionar esa situación.
Poco a poco entendieron algo fundamental: mover al caballo no dependía de hacer más fuerza. Dependía de la conexión.
Comenzaron entonces a acercarse de otra manera al animal: acariciándolo, hablándole, transmitiendo calma, seguridad y confianza. Aprendieron a observar cómo reaccionaba el caballo, a comunicar mejor sus intenciones y a actuar con determinación, pero también con sensibilidad. Y fue precisamente cuando lograron regular sus emociones cuando los caballos empezaron a avanzar.
Más allá de la actividad en sí, esta experiencia refleja el enorme valor de los espacios terapéuticos y educativos asistidos con animales. Los caballos, por su sensibilidad y capacidad para percibir el estado emocional de las personas, se convierten en un espejo emocional muy potente. Reaccionan ante la tensión, la inseguridad o la calma, ayudando a que niños y jóvenes tomen conciencia de cómo se sienten y cómo gestionan determinadas situaciones.
Este tipo de dinámicas son especialmente enriquecedoras porque permiten trabajar habilidades emocionales de forma práctica y real: la paciencia, la regulación emocional, la comunicación no verbal, la empatía, la confianza y la resolución de problemas. Todo ello desde una experiencia vivida, lejos de la teoría y en un entorno seguro y acompañado.
Espacios como La Granja Ability Training Center demuestran la importancia de crear experiencias donde las emociones puedan trabajarse desde el respeto, el tiempo y la vivencia personal. Porque muchas veces, el verdadero aprendizaje no aparece cuando alguien nos da la respuesta, sino cuando somos capaces de entender qué sentimos y descubrir por nosotros mismos cómo avanzar.
