El Hierro apuesta por el deporte inclusivo: un programa de pádel que transforma vidas

El Hierro apuesta por el deporte inclusivo: un programa de pádel que transforma vidas

Hay proyectos que nacen para enseñar un deporte. Otros nacen para cambiar una realidad.

El programa de pádel adaptado impulsado por Play and Train en la isla de El Hierro pertenece a este segundo grupo.

Lo que comenzó como una propuesta para acercar la práctica deportiva a niños y niñas con discapacidad se ha convertido, en apenas unos meses, en un espacio donde se fortalecen la autonomía, la confianza, la socialización y la calidad de vida de las personas participantes y de sus familias.

Hoy, cada entrenamiento demuestra una realidad que todavía muchas personas desconocen: cuando existen los apoyos adecuados, todas las personas son capaces de practicar deporte.

Fotografía de Míriam Marimon

Durante años, muchas familias de El Hierro se han encontrado con una realidad común: la falta de actividades deportivas adaptadas y de profesionales especializados capaces de acompañar a sus hijos e hijas. No se trataba únicamente de disponer de unas instalaciones deportivas.

La verdadera necesidad era contar con una metodología adaptada, grupos reducidos, profesionales formados y un entorno seguro donde cada participante pudiera aprender respetando su propio ritmo.

Fue precisamente esa demanda la que llevó al Ayuntamiento de La Frontera, junto a Play and Train, a poner en marcha este proyecto.

Como explica Pablo Rodríguez Cejas, alcalde de La Frontera:

«Esta actividad es un primer paso hacia un municipio donde todas las actividades deportivas y culturales puedan estar al alcance de todas las personas.»

Un primer paso que ya está marcando un antes y un después para muchas familias de la isla.

Hablar de pádel adaptado puede hacer pensar que el objetivo principal es aprender un deporte.

Sin embargo, basta con observar una clase para entender que ocurre mucho más.

Cada sesión está diseñada para trabajar aspectos fundamentales del desarrollo personal de cada participante:

  • coordinación y psicomotricidad;
  • equilibrio y control corporal;
  • atención y concentración;
  • autonomía;
  • gestión emocional;
  • autoestima;
  • habilidades sociales;
  • comunicación;
  • trabajo en equipo;
  • creación de rutinas saludables.

El pádel es simplemente la herramienta.

El verdadero aprendizaje ocurre detrás de cada ejercicio, de cada repetición y de cada pequeño logro conseguido dentro de la pista.

Uno de los aspectos que hacen diferente este programa es su metodología. Las clases se desarrollan en grupos muy reducidos, de entre dos y cuatro participantes, permitiendo adaptar cada ejercicio a las necesidades individuales.

La entrenadora Mónica Llop llegó a El Hierro con una amplia experiencia trabajando con personas con discapacidad. Sin embargo, reconoce que este proyecto también ha supuesto un enorme aprendizaje para ella.

La mayoría de participantes presentan Trastorno del Espectro Autista, una realidad que le hizo replantear completamente su forma de enseñar. Muy pronto comprendió que no existían dos alumnos iguales. Cada uno necesitaba tiempos diferentes, apoyos distintos y una forma propia de aprender.

Desde entonces, toda la metodología gira alrededor de una idea muy sencilla: respetar el ritmo de cada persona.

Como ella misma resume:

«En estas pistas no existe el ‘tú no puedes’. Todos pueden.»

Cada entrenamiento sigue una estructura muy clara.

La previsibilidad es especialmente importante para muchos participantes con autismo, por lo que las rutinas ayudan a generar seguridad y confianza.

Las sesiones comienzan siempre con un calentamiento adaptado. Después llegan los ejercicios técnicos, donde cada participante trabaja a su propio ritmo. No existe la comparación. No existen las prisas. Cada pequeño avance cuenta.

En ocasiones, algunos participantes son quienes dirigen parte del calentamiento, reforzando su autonomía y confianza.

Otros aprenden, por primera vez, a esperar turnos, compartir espacios o gestionar la frustración cuando una pelota no entra.

Pequeños aprendizajes que después trasladan a su vida cotidiana.

 

Las familias coinciden en algo sorprendente. Los mayores cambios no siempre ocurren durante la clase. Ocurren después.

Mar Alejandra Padrón, madre de Alessandro, recuerda perfectamente cómo era la situación antes de empezar. Durante mucho tiempo buscó actividades adaptadas sin encontrar ninguna. Cuando apareció el programa, sintió que era «un sueño hecho realidad».

Desde entonces ha observado cambios muy significativos en su hijo:

  • duerme mejor;
  • está más motivado;
  • mejora su coordinación;
  • participa más en grupo;
  • disfruta compartiendo con otras personas;
  • muestra una mayor autonomía;
  • mantiene rutinas más saludables.

Pero quizá el cambio más importante sea otro. Ahora Alessandro espera con ilusión cada entrenamiento. Y eso también transforma la vida de toda la familia.

Uno de los aspectos que hacen diferente este programa es su metodología. Las clases se desarrollan en grupos muy reducidos, de entre dos y cuatro participantes, permitiendo adaptar cada ejercicio a las necesidades individuales.

La entrenadora Mónica Llop llegó a El Hierro con una amplia experiencia trabajando con personas con discapacidad. Sin embargo, reconoce que este proyecto también ha supuesto un enorme aprendizaje para ella.

La mayoría de participantes presentan Trastorno del Espectro Autista, una realidad que le hizo replantear completamente su forma de enseñar. Muy pronto comprendió que no existían dos alumnos iguales. Cada uno necesitaba tiempos diferentes, apoyos distintos y una forma propia de aprender.

Desde entonces, toda la metodología gira alrededor de una idea muy sencilla: respetar el ritmo de cada persona.

Como ella misma resume:

«En estas pistas no existe el ‘tú no puedes’. Todos pueden.»

El impacto del proyecto no termina en los participantes. Con el paso de los meses también ha surgido algo inesperado. Las propias familias han comenzado a crear una red de apoyo mutuo.

Comparten experiencias. Resuelven dudas. Se acompañan. Se ayudan unas a otras. Muchas madres explican que, además de ver crecer a sus hijos, ellas también han encontrado un espacio donde sentirse comprendidas.

 

Porque, en ocasiones, compartir el camino con otras familias resulta tan importante como la propia actividad deportiva.

Lo que comenzó con un pequeño grupo de participantes ha ido aumentando rápidamente. La demanda continúa creciendo. Cada vez más familias preguntan por las clases y ya existen listas de espera.

El objetivo de Play and Train es seguir ampliando las oportunidades para que ningún niño o niña se quede sin practicar deporte por falta de recursos.

Como explica Mariona Masdemont, cofundadora de Play and Train: 

«Nuestro objetivo no es solo que más personas practiquen deporte, sino que encuentren un espacio donde crecer, relacionarse y descubrir de todo lo que son capaces.»

Porque el deporte no cambia únicamente la condición física.También cambia la forma en la que una persona se relaciona consigo misma y con su entorno.

Este programa es también un ejemplo de cómo la colaboración multiplica el impacto social.

La implicación del Ayuntamiento de La Frontera, el Cabildo de El Hierro, Play and Train y empresas comprometidas demuestra que cuando administraciones públicas, entidades sociales y tejido empresarial trabajan en una misma dirección, las oportunidades dejan de ser una idea para convertirse en una realidad.

Un ejemplo de ello es el apoyo de Construcciones Roquealto SLU, cuya colaboración ha permitido dotar al programa de material deportivo para que los participantes puedan disfrutar de las sesiones en las mejores condiciones.

Como señalaba Juan Pedro Almas, representante de la empresa:

«La empresa privada también tiene que ser activa en potenciar el deporte. La administración pública no siempre puede con todo, y una empresa puede ayudar de forma directa a que estos proyectos salgan adelante.»

El pádel adaptado en El Hierro no es únicamente un programa deportivo. Es una demostración de que la inclusión se construye creando oportunidades reales. Cada entrenamiento rompe un prejuicio. Cada familia que se incorpora fortalece una comunidad. Cada niño o niña que descubre de lo que es capaz abre el camino para quienes vendrán después.

Porque cuando el deporte se adapta a las personas, no solo cambian los resultados dentro de una pista. Cambia la forma en que una sociedad entiende la discapacidad, la inclusión y las oportunidades.

Este proyecto es posible gracias a la implicación y colaboración de todas las personas e instituciones que creen en el deporte como herramienta de inclusión.

 

Desde Play and Train queremos agradecer especialmente el compromiso del Ayuntamiento de La Frontera, el Cabildo de El Hierro y Construcciones Roquealto, cuyo apoyo ha sido fundamental para hacer realidad este programa y seguir creando nuevas oportunidades deportivas para las personas con discapacidad en la isla.

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