Aprender desde la experiencia: un viaje emocional en La Granja Barcelona
Durante cuatro días, el grupo de Play and Train ha vivido una experiencia formativa en La Granja Barcelona, en el marco del viaje de fin de curso. Un entorno pensado para el aprendizaje vivencial, donde cada actividad se convierte en una oportunidad para trabajar aspectos clave del desarrollo personal y emocional.
Lejos de plantearse como un programa teórico, la propuesta se ha centrado en experimentar, sentir y gestionar. A través de diferentes dinámicas, los participantes han tenido que enfrentarse a situaciones reales que les han permitido identificar emociones y aprender a gestionarlas de forma autónoma.
Durante estos días el equipo de monitores y monitoras de Play and Train formado por Antonella, Lucas i Kehila ha acompañado a más de una decena de alumnos a vivir las siguientes experiencias:
Una de las actividades más significativas ha sido el trabajo con caballos. En varios momentos, los animales no respondían a las indicaciones, generando frustración, enfado o incluso bloqueos expresados en frases como “no puedo”.
Aquí, el aprendizaje fue claro: no siempre se trata de insistir más fuerte, sino de parar, observar y buscar nuevas formas de actuar.
A pesar del impulso natural de intervenir por parte de adultos y monitores, el enfoque fue acompañar sin resolver, permitiendo que cada participante encontrara sus propias soluciones y desarrollara herramientas para gestionar esa frustración.
El laberinto planteó otro reto: encontrar una salida. Durante el proceso aparecieron sensaciones como el agobio, el cansancio o la desorientación. Este ejercicio permitió trabajar habilidades como:
Más allá de llegar a la salida, el valor estuvo en el proceso.
En la actividad con barcas, el reto era recoger pelotas utilizando inicialmente un solo remo. Esto generó dificultades prácticas que obligaron a replantear la estrategia.
Aquí emergieron aprendizajes clave:
El momento en el que alguien plantea solicitar un segundo remo marca un punto de inflexión: entender que avanzar también implica saber cuándo y cómo pedir apoyo.
A lo largo de toda la experiencia, la figura de la monitora Ester ha sido fundamental. Su acompañamiento, basado en la escucha activa y la serenidad, ha permitido generar un entorno seguro donde cada participante ha podido explorar sus emociones sin juicio.
Este viaje no ha sido solo una suma de dinámicas, sino un proceso de aprendizaje profundo donde cada situación ha servido para trabajar:
Una experiencia que demuestra que, cuando el entorno está bien diseñado, el aprendizaje más importante no es el que se explica, sino el que se vive.
